By Michael Mortimer

Barcelona is my favorite global city. So favorite, in fact, that I’m actively learning Spanish (admittedly Castilian not Catalan; if you are a Spanish speaker, you can be the judge of my progress, below the English text) as my wife and I conspire to find a way to retire there someday. We love the architecture, the ghost of Gaudí, the history, the urban landscape bookended by the mountains and the sea, the distinctive barrios, the progressive bent that seems to beckon diversity and social experimentation, and the general air of independence and collectivist attitudes that must have so grated on Spain’s former fascist regime. But it is also a city of profound contradictions and challenges, many of them of the environmental variety, and many can be seen and felt in real time as you wander the streets. 

Water
Though Barcelona lies seductively alongside the Mediterranean Sea, a reliable urban water supply is both complex and elusive. Receiving only 640mm of rain/year (about the same as San Francisco; by contrast, Washington, D.C., often gets more than 1000mm), the city benefits from a system of rivers fed by upland mountains, reservoirs, an aquifer, and desalination of seawater to ensure a steady supply. But climate change projections suggest that rainfall will decrease generally, and snowpacks will be smaller and melt more quickly, restricting the water available in the river systems that provide 90% of the city’s water. More frequent droughts will increasingly challenge the city’s ability to provide drinking water to its citizens. Paradoxically, though, more frequent violent rain events will threaten the city’s infrastructure, particularly its extensive underground metro system.

Llobregat Agrarian Park canal. Photo by Michael Mortimer
Llobregat Agrarian Park canal, Barcelona, Spain; Photo by Michael Mortimer

Tourism
Tourism is a two-edged sword, bringing economic development while presenting associated challenges to any destination city. Barcelona is such a destination, hosting more than 2 million overnight tourists per year. People from around the world seek to experience the city for many of the same reasons my wife and I do. Barcelona is the largest cruise ship port in Europe—but cruise ship tourism is a particularly nasty and parasitic form of tourism, one that shortchanges local communities while also contributing heavily to local water and air pollution. Cruisers can disgorge up to 50,000 people each day into Barcelona’s streets and neighborhoods—almost 3 million per year. But their short stays and the provision of all-you-can-eat on the ships ensures the visitors do not contribute meaningfully to local vendors, businesses, or restaurants. What they do contribute is air pollution, as the massive ships idle their diesel engines the entire time they are docked. And gray water discharges from the ships can lead to cyanobacterial blooms, leading to dead zones where not enough oxygen exists to support marine life. 

Mobility 
Urban walkability is a critical component of urban quality of life. Many cities have privileged automobiles in ways that all but disregard the idea of human beings apart from the cars they drive (Los Angeles or Napoli might be good examples). Barcelona, due to its density and design, has excellent walkability. Compared to a reasonably walkable city in our neck of the woods—Washington, D.C.,—Barcelona trumps it in every metric of walkability. But this masks a serious air pollution problem in the city, largely caused by cars. The most potent threats to human health are nitrogen dioxide and the tiny PM 2.5 particles that you cannot see but that find their way into your bloodstream. Both pollutants wax and wane with the arrival and departure of commuters’ cars in the city. A million of those cars enter and exit Barcelona each day—most of them with just a single passenger. 

Poblenou Superblock. Photo by Michael Mortimer
Poblenou Superblock, Barcelona, Spain; Photo by Michael Mortimer

Solutions exist to all these problems, and Barcelona has a font of innovation, both social and technical, occurring among the public, private, and civil society sectors. To explore this innovation, we have not one, but two MNR Global Study experiences planned for our students in 2022 to Barcelona and its surrounds. We will be investigating all the issues I’ve described above, as well as imbibing the unique culture of the city and Cataluña. I look forward to welcoming our MNR students to my most favorite of cities!

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I am deeply grateful to my language instructor, Belen Leon,
for her generous and patient help with this translation.

Barcelona—Contrastes y contradicciones en la ciudad costal

España tiene muchas ciudades maravillosas. Pero la ciudad más maravillosa de todas es Barcelona. Barcelona es mi ciudad internacional  favorita. Tan favorita de hecho, que estoy aprendiendo español ya que mi mujer y yo conspiramos para jubilarnos en Barcelona. Nos gusta mucho la arquitectura, el fantasma de Gaudi, la cultura, la historia, el paisaje urbano delimitado entre las montañas y el mar y los barrios variopintos ,entre otros. Ideas progresistas  parece que invitan a la diversidad, experimentación social e  independencia general, con una actitud colectivista que debe haber irritado al gobierno fascista y anticuado de España. Pero al mismo tiempo  es una ciudad de contradicciones y desafíos, muchos de ellos de  tipo medioambiental, lo cual se puede ver y sentir al caminar sus calles.

El Agua
Aunque Barcelona tiene el privilegio de estar cerca del Mar Mediterráneo, un suministro fidedigno de agua es , paralelamente, complejo y escurridizo. Aunque la ciudad apenas recibe 640 mm de lluvia por año, tiene un sistema de ríos por las montañas de tierras altas, un acuífero, y desalinización de agua de mar para garantizar el suministro. Sin embargo,las proyecciones del cambio climático sugieren que la lluvia disminuirá y la mochila de nieve será más pequeña derritiéndose a mayor velocidad, y restringiendo así  el agua disponible en los sistemas de ríos, los cuales  proporcionan el 90% del agua de la ciudad. Las sequías más frecuentes desafiarán a la ciudad en el racionamiento  de agua para la población.. Paradójicamente, las tormentas de lluvia cada vez más frecuentes amenazarán la infraestructura de la ciudad como por ejemplo, el vasto sistema de metro. 

El Turismo
El turismo es una espada de doble filo, ya que aporta  desarrollo económico y a su vez  desafía a la  ciudad. Barcelona es tal destinación que aloja a más de 2 millones de turistas cada año. Gente de todo el mundo quiere experimentar la ciudad por muchas de las mismas razones que mi mujer y yo. Barcelona es el puerto más grande de transatlánticos en Europa—pero, el turismo transatlántico es una forma de turismo particularmente desagradable y parásito Engaña a las comunidades locales y  crea polución del agua y el aire. Los transatlánticos expulsan hasta 50,000 personas cada día en las calles y barrios de Barcelona—casi 3 millones por año. Susestancias cortas y buffet libre en los barcos aseguran que los visitantes no contribuyen significativamente ni con  los vendedores, ni con empresas y menos con los restaurantes locales. Esta u no-contribución contamina el aire ya que motores diésel de los barcos en están marcha todo el tiempo mientras están atracados. Y las aguas grises que expulsan los barcos pueden producir cianobacterias que dan lugar a zonas muertas dónde no hay suficiente oxígeno para la vida de marina. 

La Movilidad  
La movilidad urbana es un elemento crítico de la calidad de vida en la ciudad. Tantas ciudades han sido privilegiadas con coches de manera que hacen la vista gorda a la idea de separar a los  humanos  de sus coches (Los Ángeles y Napoli podrían ser buenos ejemplos). Barcelona, por su densidad y boceto de arquitectura, tiene una movilidad excelente. En comparación con una ciudad peatonal de nuestro barrio familiar—Washington DC—Barcelona es mejor en todas las métricas de movilidad. Pero, esto enmascara un problema serio de polución del aire en la ciudad—principalmente causado por los coches. La amenaza más fuerte a la salud humana son el dióxido de nitrógeno y las partículas minúsculas PM 2.5 que no pueden verse pero que su camino a la corriente sanguínea. Ambas formas de contaminación  suponen u lo n tira y afloja con la llegada y la salida de transporte a la ciudad. Un millón de coches entran y salen de Barcelona cada día—la mayoría con solo uno pasajero. 

Hay soluciones para todos estos problemas, Barcelona tiene una fuente de innovación,tanto  social como  técnica, en los sectores privado, público, y sociedad civil. Para explorar esta innovación, no tenemos solo uno, si no dos MNR Global Experiences planeadas para nuestros estudiantes en 2022 en Barcelona y alrededores. Vamos a investigar todos los problemas que he descrito antes, además de beber la cultura única de la ciudad y Cataluña. ¡ Voy a dar la bienvenida a nuestros MNR estudiantes a mi ciudad favorita!

Michael Mortimer in Barcelona
Photo by Heath Rasmussen

Dr. Michael Mortimer is the Associate Dean, Washington, D.C. Area, and Founding Director of the Center for Leadership in Global Sustainability (CLiGS). He is an avid photographer and traveler, having journeyed to more than fifty countries, camera in hand.